EL ARDUO CAMINO DEL BIOEMPRENDEDOR ESTÁ CONDENADO AL ÉXITO

EL ARDUO CAMINO DEL BIOEMPRENDEDOR ESTÁ CONDENADO AL ÉXITO

Cada vez más se nos hace evidente la relevancia que tiene la biología en la salud, la agricultura y el medio ambiente. De hecho, hace poco conocí una tecnología basada en microorganismos que podría ayudar a disminuir entre un 30% y un 50% el efecto invernadero en el mundo.

 

Si bien el potencial de la biotecnología es innegable, el hacerse cargo y emprender en biología es tan difícil que sólo cuando se dan ciertas condiciones, como estar resolviendo una necesidad mundial, se justifica el esfuerzo, tiempo y capital que significa bioemprender.

 

Según Hubert Schoemaker los pilares del bioemprendimiento son la gestión, el capital y la tecnología. A eso le sumaría la disposición, casi masoquista, a estar dispuesto a grandes sacrificios. Por naturaleza, este negocio elimina rápidamente a todos los que quieran hacer una “pasada” rápido, pues para hacer un buen negocio biotecnológico hay que resolver un problema complejo que aflija a una porción importante de la sociedad.

 

Un investigador se gradúa de bioemprendedor cuando se da cuenta que es su empresa, y no la tecnología, lo que sacará adelante su ciencia. Por contradictorio que suene, al dedicarse al bioemprendimiento, se está condenando al éxito. Al elegir un camino difícil y tortuoso, uno aprende más rápido, de más cosas y prueba sus límites. En otras palabras, uno tiene garantizado el éxito del crecimiento.

 

No se trata de coleccionar experiencias, si no de tener el tiempo y el espacio para reflexionar sobre las lecciones aprendidas. Es ahí cuando el tiempo que demora bioemprender se justifica con creces.

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