El primer embajador en el mundo para la industria tecnológica: El Caso de Casper Klynge

El primer embajador en el mundo para la industria tecnológica: El Caso de Casper Klynge

Desde septiembre del 2017, Casper Klynge es el primer embajador tecnológico de Dinamarca… y del mundo. La decisión llevada a cabo por el Gobierno Danés, nace de la idea de convertir la tecnología en una prioridad de política exterior como parte de su iniciativa de ”TechPlomacy”. Desde Silicon Valley, Casper tiene un mandato global con parte de su equipo en Copenhague y Beijing, replanteando así, el entendimiento tradicional de una representación diplomática. 

 

Dada la influencia de las grandes empresas tecnológicas alrededor del mundo, se busca que otras organizaciones regionales tengan representación con las empresas tech. Realmente, su desafío más grande es mostrar cómo los países pequeños, luchan por influir en las corporaciones de gran poder. 

 

En este sentido, los países que tengan políticas tecnológicas comunes tendrán más impacto, en lugar de que cada país trabaje de manera independiente. 

 

En algunas ocasiones ha señalado que quizás el trabajo más difícil que se le ha asignado es el de ahora, como el primer embajador del mundo para la industria de la tecnología.

 

Su labor trata de responder a importantes tendencias tecnológicas internacionales, intentando transformar el poder de las grandes empresas como Amazon, Apple, Facebook y Google en influencia política, un rol similar al de los estados. En efecto, se necesita representación diplomática para lidiar con cada una de éstas.

 

Según Klynge, “los valores, instituciones, democracia y derechos humanos, están siendo desafiados por el surgimiento de las nuevas tecnologías” y si no se actúa adecuadamente, estas empresas desafiarán la gobernanza, por lo que es de gran importancia redefinir la relación entre el sector público y privado.

 

Klynge afirma también que temas como la biotecnología, inteligencia artificial son cuestiones existenciales para los países, y no asuntos netamente comerciales.

 

En conclusión, más que un embajador tecnológico, se necesita establecer un diálogo tecnológico. Por ello, la importancia de crear una alianza entre países, sociedad civil, organizaciones internacionales y empresas tech, pues para trabajar en torno a estos temas es necesario un gran sentido de responsabilidad.

 

Los esfuerzos de Casper Klynge radican en asegurarse que los gobiernos democráticos, establezcan los límites para la industria tech, y no al revés. Mientras, nos podríamos preguntar: ¿cómo se estarán preparando las naciones para la nueva revolución tecnológica?

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