Tendencias -en números- de la biotecnología el 2011

Tendencias -en números- de la biotecnología el 2011

Cuando hablamos de biotecnología, muchos de nosotros nos imaginamos los procesos moleculares y las nuevas tecnologías que se desarrollan en los laboratorios para dar con una nueva droga o para descifrar la función de nuevo gen.Cuando hablamos de biotecnología, muchos de nosotros nos imaginamos los procesos moleculares y las nuevas tecnologías que se desarrollan en los laboratorios para dar con una nueva droga o para descifrar la función de nuevo gen.Cuando hablamos de biotecnología, muchos de nosotros nos imaginamos los procesos moleculares y las nuevas tecnologías que se desarrollan en los laboratorios para dar con una nueva droga o para descifrar la función de nuevo gen.Cuando hablamos de biotecnología, muchos de nosotros nos imaginamos los procesos moleculares y las nuevas tecnologías que se desarrollan en los laboratorios para dar con una nueva droga o para descifrar la función de nuevo gen.

Pocas veces nos ponemos a pensar en la biotecnología como una industria, como cualquier otra, que opera con indicadores de desempeño y que necesita capital y un mercado para poder subsistir.

 

Ahora, a días de salir de vacaciones hice una breve investigación bibliográfica para ilustrar cuáles son los números y datos duros que usan los inversionistas para analizar la “sopa” de datos que caracteriza a nuestra industria. A simple vista, las cifras no tienen mucho sentido, pero al ir hilando más fino uno se puede dar cuenta que estamos en una industria muy riesgosa (hay riesgos tecnológicos, regulatorios, de propiedad intelectual, de financiamiento, etc), muy cara (donde cuesta mucho dinero hacer desarrollos) y muy técnica (que no cualquiera la puede entender).

 

Por ahora, existe consenso que el 2011 fue un año positivo para la industria, al menos en términos de “output“. Por ejemplo, la FDA aprobó 30 nuevos fármacos, 9 más que el año 2010. Dentro de las aprobaciones hay drogas notables como Incivek, un medicamento oral para la Hepatitis C (Vertex Pharmaceuticals); Yervoy, la primera droga contra el cáncer de piel (melanoma) en 13 años (Bristol-Myers Squibb) o Benlysta de Human Genome Sciences, la primera droga contra el Lupus en 50 años.

 

Aún con esos logros, las peleas políticas sobre la necesidad de reducir el gasto en Europa y en Estados Unidos han puesto a la industria biotecnológica bajo mucha presión, sobre todo se ha visto resentido el acceso a inversión privada. Según PriceWaterhouseCoopers y la National Venture Capital Association, la inversión en ciencias de la vida aumentó un 34% en el último trimestre de 2011, pero el número de tratos cerrados bajó en un 5%, en otras palabras, 2011 cerró con más dinero invertido, pero en menos empresas.

 

Otro ejemplo interesante es ver lo que le pasó a las empresas biotecnológicas que salieron a la bolsa en 2011. Setenta por ciento de las empresas biotecnológicas listadas en la bolsa de USA han bajado, en promedio, un 15% en el precio de su acción. Muchas de esas bajas se deben a que gran parte de los que compran las acciones no ven que se cumplan sus expectativas y optan por vender sus acciones. Por ejemplo, todavía se mantiene vivo el “mito” de que la industria farmacéutica siempre crece a tasas enormes. Sin embargo, según IMS, el crecimiento pronosticado no supera el rango de 3-6% por año, siendo mucho más atractivo (entre 12% y 14% ) el crecimiento en países en vías de desarrollo como los BRIC.

 

Aún así todavía se espera que todos los nuevos medicamentos generen beneficios varias veces superiores a sus costos, como fue el caso de las drogas antihipertensivas que han logrado prevenir (sólo en USA) más de 86.000 muertes prematuras por año gracias a los potentes efectos terapéuticos que han tenido en controlar la presión arterial en personas mayores de 40 años (Framingham Heart Study). Lamentablemente ese tipo de resultados no se obtiene siempre, por ejemplo, hoy hay tratamientos contra el cáncer que pueden costar entre $50 mil y $100 mil dólares que a lo más alargan la vida del paciente por 3 a 6 meses y que a la largar sólo posponen enormes gastos médicos que se incurren de todos modos. Esto pasa en gran parte porque estas nuevas drogas no son tan eficaces para tratar el cáncer como son las drogas antihipertensivas para reducir la presión arterial.

 

Si es ese el escenario, ¿sirve de algo innovar?

Mi respuesta inmediata (y casi automática) es que sí sirve, siempre y cuando el nivel de innovación (principalmente el nivel de eficacia de la droga) sea suficientemente alto. Esto implica que las empresas biotecnológicas deberían evaluar seriamente si continúan o no con proyectos que estén lejos de arrojar resultados espectaculares. Sólo si los resultados son espectaculares, se van a ver los retornos que los inversionistas esperan y los impactos en la salud que los pacientes necesitan. A veces, sin embargo, las innovaciones son menos evidentes pero igual de potentes, por ejemplo, uno no debería perder de vista la perspectiva del paciente, como fue el caso de los patient-reported outcomes (PROs) incorporados en el proceso de revisión temprana de eficacia de nuevas drogas contra Psoriasis. De hecho, a través de los PROs, fueron los mismos pacientes quienes les enseñaron a los desarrolladores de drogas que no era un parámetro relevante medir el tamaño de la lesión (para ver si la droga funcionaba), si no que era mucho más importante la ubicación de la lesión en el cuerpo (como en la cara y las articulaciones). Ese leve cambio ha modificado significativamente el foco de la investigación y desarrollo en psoriasis, pues ahora se seleccionan moléculas que incluyan las observaciones de los pacientes.

 

Y todo esto ¿sólo se financia con capital de riesgo?

Claramente la industria se va consolidando año tras año. Este 2011 fue uno donde grandes “marcas” del quehacer biotecnológico se fusionaron para darle forma a una nueva industria. Por ejemplo, Sanofi Aventis se fusionó con Genzyme (en un trato donde la Francesa pagó $20.000 millones de dólares); la empresa más grande de medicamentos genéricos del mundo, Teva, se compró a la biotecnológica Cephalon por $6.8oo millones de dólares; la farmacéutica más grande de Japón, Takeda, se compró a la biotec Suiza Nycomed por $13.700 millones de dólares y así muchas otras empresas se compraron entre sí.

 

Aparte de la evidente fiebre de “fagocitosis” que se vio este año, otra tendencia -menos evidente- que me llamó la atención fue la fuerte arremetida “contracíclica” de los fondos de inversión de las empresas farmacéuticas. ¿A qué me refiero con contracíclica?, resulta que la gran mayoría de los fondos de capital de riesgo que invierten en proyectos biotecnológicos han concentrado su foco en empresas maduras con candidatos a drogas en Fase II o Fase III, dejando desatendidas las posibilidades de inversión en empresas con proyectos más inmaduros (más baratos, pero con mayor riesgo). Es aquí donde se han visto acontecimientos interesantes, por ejemplo, WuXi , la Contract Research Organization (CRO) más grande de China acaba de crear un fondo de inversión de $50 millones de dólares; la biotecnológica Celgene unió fuerzas con Versant Ventures para invertir en proyectos tempranos; AstraZeneca (a través de su vehículo de inversión MedImmune Ventures) tiene un fondo de $400 millones de dólares; GlaxoSmithKline a través de su empresa SR One ha invertido más de $600 millones de dólares desde 1985 y acaba de lanzar el fondo GSK Canada Life Science Innovation Fund por $50 millones de dólares para invertir en pequeñas biotecs Canadienses y por último, Merck, a través de Merck Research Venture Fund creó un fondo de $500 millones de dólares para co-invertir junto con inversionistas de capital de riesgo.

 

Al final, esta industria cambia y se adapta pero lo que no se acaba nunca es su capacidad de re-inventarse, es su exquisita combinación de creatividad y excelencia en investigación que hace que siga adelante y que fascine a muchos…algunos invierten en ella, otros trabajan en ella, hay quienes esperan que ella les de las curas para sus males y hay varios, como yo, que se divierten estudiándola y reflexionando a sus expensas.

 

Saludos a todos y felices vacaciones.

 

CHC.- LatinGene

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